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En 1816, el francés Nicéforo Niepce logró obtener y
plasmar en una placa o base de estaño recubierta con betún, la
primera fotografía analógica de la historia. Para tomar una foto con la técnica desarrollada por Niepce era necesario enfocar un objeto o imagen iluminada por la luz del sol y exponerla
sobre la placa fotográfica sensibilizada con el betún durante ocho horas como mínimo.
Durante ese largo período de tiempo, las partes del betún que recibían
la luz que reflejaban las imagenes se endurecían,
mientras que las no expuestas (las obscuras o más obscuras), se
disolvían. De esa forma se obtenía una reproducción “en
negativo” de las escenas fotografiadas, con el inconveniente que al principio no era posible fijarlas por mucho tiempo en la emulsión de betún de la placa .
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Punto de vista desde la ventana de Gras. Fotografía
de Niepce.
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Años más tarde Niepce se asoció al también francés Louis
Jacques Daguerre y entre los dos desarrollaron una técnica para fijar
las imágenes fotográficas, a la que denominaron “daguerotipo”. Así, en 1836
lograron captar y fijar en una chapa o placa de cobre recubierta con
plata y tratada con vapores de sodio para hacerla sensible a la luz,
la primera fotografía analógica de la historia, cuya imagen no se
borraba. Gracias al perfeccionamiento posterior de la tecnología
fotográfica analógica, la técnica de tomar fotos que perduraran en el tiempo se difundió rápidamente,
lo que posibilitó plasmar para la posteridad imágenes fijas y en
movimiento de los hechos más relevantes de la historia de la
humanidad, así como de la propia vida familiar de los aficionados
que la adoptaron como pasatiempo.
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Hasta hace poco tiempo atrás era muy común emplear cámaras
fotográficas analógicas*, tanto para uso profesional como para uso
aficionado. Sin embargo, con el desarrollo e introducción en el
mercado de las cámaras digitales, las cámaras analógicas y los
carretes de películas fotográficas que éstas utilizaban han ido
desapareciendo prácticamente para uso de los aficionados. No
obstante, todavía existen profesionales que prefieren el uso de cámaras
fotográficas analógicas, muy especialmente las de formato ancho
que emplean películas 120. Ese formato tiene la ventaja sobre el que ofrecen
las cámaras digitales que permite obtener grandes ampliaciones para
crear fotos murales, así como la posibilidad de diseñar
carteles publicitarios apoyados con fotos de gran tamaño para situarlos en la
vía pública.
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Cámara analógica compacta de. 35 mm , para uso aficionado. |
* Las cámaras fotográficas comunes se
les denomina actualmente como analógicas para diferenciarlas de las
digitales, pues su funcionamiento se basa en captar las imágenes en
una película fotográfica y no en un sensor electrónico.
Una cámara fotográfica analógica compacta, de las comúnmente
empleadas por los aficionados, se componía de las siguientes partes:
Un cajón herméticamente cerrado para evitar que la luz
penetrara en su interior, excepto a través del objetivo fotográfico
en el momento de realizar el disparo para que se abriera el obturador.
Un objetivo fotográfico que podía ser de distancia focal fija
como, por ejemplo, ángulo ancho, ángulo normal o telefoto, o una
combinación de esos tres, con distancia focal variable (objetivo zoom).
Un obturador con diferentes velocidades de apertura, para dejar
pasar la luz reflejada por las imágenes que capta el objetivo
fotográfico.
Un rollo de película fotográfica (analógica) sensible a los
rayos de luz, consistente en una base de poliéster recubierta con
una emulsión de nitrato de plata o de haluros de la propia sustancia. Los
cristales de plata contenidos en la emulsión podían ser de
diferentes tamaños, de acuerdo con la sensibilidad a la luz que
le correspondiera a cada película. En el apogeo del uso de las cámaras
analógicas, las películas fotográficas podían ser de diferentes formatos o tamaños y tipos de emulsiones para obtener fotos en blanco y negro, o en colores.
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