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Cualquier onda electromagnética posee una determinada cantidad de energía que es inversamente proporcional a la longitud de la onda, es decir, a menor longitud de onda de luz visible, mayor será la propagación de energía. Dada esa propiedad, un rayo láser puede
generar energía suficiente para a cortar metales, láminas de plástico o sustituir el bisturí en operaciones quirúrgicas tan delicadas como la de la vista.
Al contrario de la luz blanca, cuyos rayos se consideran incoherentes por estar compuesta por
ondas magnéticas de frecuencias y longitudes de onda diferentes, la luz que
proporciona un dispositivo láser se considera "coherente", porque está compuesta por un
rayo de luz de la misma frecuencia y longitud de onda, amplificado miles de veces para incrementar su
energía. Por ese motivo la luz del rayo láser es siempre monocromática, siendo la
roja la más común y conocida, aunque existen láseres de otros colores. En la tabla
que se expone más arriba se puede apreciar que dentro del espectro de luz visible el color violeta posee más energía que el rojo, porque
tiene una longitud de onda más corta.
La propagación de las ondas de luz constituye el fenómeno físico más rápido del universo, pues
sus rayos se desplazan por el espacio, e incluso por el vacío, a una velocidad aproximada a los 300 mil kilómetros por segundo. Esa velocidad tiende a disminuir cuando los rayos tienen que atravesar diferentes sustancias como el aire, el cristal o el
agua. En la medida que una sustancia, elemento o materia afecte la velocidad de propagación de las ondas de luz,
así será la refracción que sufran sus rayos.
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